Rolex Submariner Date
El reloj de buceo por excelencia. Resistente a 300 metros con calibre 3235 de manufactura Rolex.
Cronógrafo de cuerda manual con calibre 3861 Co-Axial Master Chronometer, caja de acero de 42 mm y escala taquimétrica en el bisel. Es el modelo cuyo antecesor la NASA calificó en 1965 para vuelos tripulados.
Esta página no puntúa el reloj
No damos nota ni estrellas, no hemos probado este reloj y no recogemos reseñas de usuarios. Lo que leerás abajo procede de la documentación pública de Omega y de fuentes especializadas de relojería, contrastadas entre sí. No tenemos ninguna relación comercial ni acuerdo con Omega ni con Swatch Group; para datos, tarifas y disponibilidad oficiales, la fuente es Omega o un distribuidor autorizado.
Precio estimado
€5500 – €7500
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El Omega Speedmaster es una familia de cronógrafos que Omega presentó en 1957 y que hoy agrupa varias líneas distintas. La más conocida es el Moonwatch Professional: caja de acero de 42 mm, cristal abombado, bisel con escala taquimétrica, cronógrafo de dos contadores más segundero pequeño y movimiento de cuerda manual, hoy el calibre 3861 Co-Axial Master Chronometer. Cuando alguien dice «Speedmaster» a secas, casi siempre se refiere a ese modelo.
Su fama no viene de una campaña de marketing: viene de que la NASA sometió varios cronógrafos comerciales a una batería de ensayos en 1965 y el Speedmaster fue el que los superó, quedando calificado para vuelos tripulados. A partir de ahí acompañó al programa Apolo. Ese es el hecho verificable, y sobre él se ha construido después mucha épica que conviene separar del dato.
Desde el punto de vista técnico es un reloj deliberadamente conservador. Se le da cuerda a mano, tiene 50 metros de estanqueidad y una arquitectura de cronógrafo de leva heredada de los años sesenta. Nada de eso es un descuido: Omega ha ido modernizando el motor (escape Co-Axial, espiral de silicio, certificación METAS) sin tocar la fórmula exterior. Quien busque 100 metros de agua, automático y 70 horas de reserva encontrará mejores números en otros cronógrafos del mismo precio; quien busque el Speedmaster, busca precisamente esto.
En esta guía no vas a encontrar una nota ni un veredicto. Vas a encontrar qué hay dentro de cada versión, en qué se diferencian, cómo se usa de verdad la escala taquimétrica, qué mantenimiento pide, qué garantías te amparan al comprarlo en España y qué señales delatan una copia. Las decisiones de compra, con esos datos delante, las tomas tú.
Esto no es el resultado de una prueba nuestra: es la lectura de las especificaciones publicadas por Omega y de lo que implican en el uso diario.
No hay nota, no hay estrellas y no hay veredicto. Antes esta página mostraba una puntuación editorial y unas barras por criterios que no respondían a ninguna medición: las hemos retirado en lugar de sustituirlas por otras cifras igual de inventadas.
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Respuesta directa: el Omega Speedmaster es una familia de cronógrafos suizos nacida en 1957. Su versión emblemática, el Moonwatch Professional, es un cronógrafo de cuerda manual con caja de acero de 42 mm, escala taquimétrica en el bisel y calibre 3861 Co-Axial Master Chronometer certificado por el METAS. Su antecesor superó los ensayos de la NASA en 1965 y quedó calificado para vuelos tripulados, y desde entonces la línea ha mantenido la misma silueta. Se ofrece con cristal de Hesalita (acrílico, fondo macizo) o de zafiro (fondo transparente), su estanqueidad es de 50 metros y la reserva de marcha, de 50 horas. Su precio depende de la versión y del canal: la tarifa oficial la publica Omega y la aplican los distribuidores autorizados.
Qué encontrarás abajo: el origen real del modelo, qué significó exactamente la calificación de la NASA, las familias que conviven hoy en el catálogo, los calibres 1861, 1863 y 3861, la certificación Master Chronometer, la elección entre Hesalita y zafiro, cómo se usa un cronógrafo y cómo funciona de verdad la escala taquimétrica, tallas y proporciones, mantenimiento y revisiones, garantías en España, cómo detectar una copia y una FAQ con las dudas más repetidas.
El Speedmaster aparece en 1957 dentro de una tanda de tres relojes profesionales que Omega lanza a la vez: un reloj de buceo (Seamaster 300), un reloj antimagnético para técnicos y ferroviarios (Railmaster) y un cronógrafo deportivo (Speedmaster). Los tres compartían la misma idea comercial: herramientas de trabajo con una función concreta, no relojes de vestir.
La referencia original, la CK2915, tenía caja de acero, agujas «broad arrow» y una particularidad que le da nombre: la escala taquimétrica, que hasta entonces solía imprimirse en la esfera, pasó al bisel. Al sacarla del cristal, la esfera quedaba mucho más limpia y la escala, mucho más legible. Omega ha reivindicado desde entonces esa decisión como una primicia del modelo. El destinatario era el mundo del automovilismo y la cronometraje deportiva: el Speedmaster nació para medir velocidades medias en un circuito, no para nada relacionado con el espacio.
En los años siguientes el modelo fue mudando de piel sin cambiar de esencia. Llegaron las agujas rectas, el bisel se retocó, la caja fue creciendo hasta las proporciones actuales y aparecieron las asas retorcidas («twisted lugs») que aún hoy definen su perfil desde arriba. El movimiento de aquellos primeros años era el calibre 321, un cronógrafo de rueda de pilares de base Lemania que los coleccionistas siguen persiguiendo en el mercado de segunda mano y que Omega recuperó años después para series muy limitadas.
El Speedmaster no se diseñó para la Luna. Se diseñó para un circuito de carreras, y acabó en la Luna porque era el cronógrafo comercial que aguantó unos ensayos que ningún otro aguantó. La diferencia entre esas dos frases es exactamente la diferencia entre historia y publicidad.
Ese detalle importa para entender el reloj actual. Muchas de las cosas que hoy parecen decisiones «románticas» —el cristal de plástico, la cuerda manual, los 50 metros de estanqueidad— no son guiños nostálgicos inventados a posteriori: son restos vivos de un instrumento de los años sesenta que Omega ha decidido no modernizar por fuera. Y también explica sus límites: nadie pensó en 1957 en un reloj para nadar.
Aquí es donde más mitos circulan, así que vamos por partes. A mediados de los sesenta la NASA necesitaba que sus tripulaciones llevaran un cronógrafo de pulsera fiable: un reloj mecánico en la muñeca es un instrumento redundante que sigue funcionando aunque falle la electrónica de a bordo, y sirve para cronometrar maniobras con una referencia independiente.
La agencia no encargó un reloj a medida. Compró cronógrafos comerciales, disponibles en tiendas, de varias marcas, y los sometió a una batería de ensayos en el Manned Spacecraft Center de Houston. Los ensayos eran deliberadamente brutales y buscaban replicar lo que un reloj podía sufrir dentro y fuera de una cápsula: ciclos de calor extremo, frío extremo, humedad, atmósfera de oxígeno puro, choques de alta aceleración desde distintos ángulos, vibración, presión y vacío, y ruido acústico. Los relojes se probaban hasta que fallaban.
El Speedmaster fue el único que completó la secuencia en condiciones de seguir dando la hora, y en marzo de 1965 quedó calificado para todas las misiones tripuladas. Esa frase es la que Omega graba en el fondo macizo de la versión de Hesalita, y es literal: se trata de una calificación de vuelo, no de un premio ni de un patrocinio. La NASA compró los relojes por su cuenta y decidió por su cuenta.
El primer uso relevante llegó pronto: en junio de 1965, durante la misión Gemini 4, un Speedmaster acompañó al primer paseo espacial estadounidense. A partir de ahí formó parte del equipo estándar del programa Apolo.
Del Apolo 11 conviene contar el detalle exacto, porque es el que se deforma más a menudo. En el descenso a la superficie lunar de julio de 1969, el temporizador electrónico del módulo lunar dio problemas, y por eso uno de los dos Speedmaster se quedó dentro del módulo como reloj de respaldo. El otro sí salió al exterior, en la muñeca del segundo tripulante que pisó la superficie. De ahí viene la fórmula «el primer reloj llevado en la Luna», que es correcta, y no la de «el reloj que llevaba el primer hombre en pisar la Luna», que no lo es.
El episodio del Apolo 13, en abril de 1970, es el otro hito documentado. Tras la avería que obligó a abortar el alunizaje y a improvisar el regreso, la tripulación tuvo que ejecutar un encendido de motor de duración muy corta y muy precisa con los sistemas mínimos disponibles, y lo cronometró con un Speedmaster. Ese uso concreto le valió a Omega el Silver Snoopy Award de la NASA ese mismo año, un reconocimiento del programa espacial a proveedores y colaboradores. Todo lo demás que se cuenta alrededor —frases célebres, escenas dramáticas atribuidas a tal o cual astronauta— pertenece más al cine y a la repetición que al registro histórico, y aquí no lo vas a leer.
Implica menos de lo que parece y más de lo que se cree. Menos, porque el reloj que compras hoy no es el de 1965: la caja se parece, pero el movimiento, los materiales y los procesos han cambiado varias veces. Más, porque la fórmula del reloj —simplicidad mecánica, legibilidad, pocas complicaciones que se puedan romper— viene precisamente de aquel filtro. Un cronógrafo de cuerda manual con contador de 30 minutos, 12 horas y segundero pequeño no es una elección estética: es lo que quedó cuando se descartó todo lo que fallaba.
Si alguien te vende el Speedmaster contándote una anécdota lunar muy redonda y muy emocionante, desconfía de la anécdota, no del reloj. La historia verificable ya es suficientemente buena sin adornos.
Uno de los errores más caros al comprar es dar por hecho que «Speedmaster» equivale a «Moonwatch». No es así: bajo ese nombre conviven relojes con diámetros, movimientos y precios muy distintos. Antes de comparar una oferta con otra, identifica la familia.
Es la referencia de la casa y el reloj del que habla esta página. Caja de acero de 42 mm, bisel de aluminio anodizado negro con escala taquimétrica, esfera negra con tres contadores, cuerda manual y calibre 3861. Se ofrece con dos cristales, cada uno con su fondo de caja: Hesalita con fondo macizo grabado, o zafiro con fondo transparente y una caja interior de acero blanco pulido que en el sector se conoce como «sapphire sandwich». Además de acero, Omega lo produce en oro de sus aleaciones propias, con la misma arquitectura mecánica.
La reinterpretación del original de 1957. En su versión más reciente baja a un diámetro más contenido, en torno a los 40,5 mm, y cambia por completo de motor: monta un cronógrafo automático Co-Axial Master Chronometer de rueda de pilares y esfera de dos contadores (bicompax), en lugar de los tres del Moonwatch. Las generaciones anteriores de la '57 eran más grandes y llevaban otro calibre, así que si compras de segunda mano conviene comprobar el año y la referencia concreta.
La variante Racing recupera la minutería cuadriculada de tipo circuito que apareció en algunos Speedmaster históricos y se ha ofrecido en cajas más grandes con movimiento automático. El Chronoscope es más reciente y su seña de identidad está en la esfera: combina tres escalas de medición —taquimétrica, telemétrica y pulsométrica— en la misma cara, con una estética de esfera de instrumento antiguo. Ambas líneas van entrando y saliendo del catálogo con las referencias, así que comprueba en Omega cuáles están vigentes antes de dar nada por hecho.
Aquí el Speedmaster se aleja del instrumento y se acerca al reloj de diseño. Caja de cerámica monobloque, diámetro claramente mayor que el del Moonwatch, movimiento automático Co-Axial Master Chronometer y una gama de acabados que va del negro absoluto al gris y al blanco. Es un reloj más pesado en presencia visual, más caro y con un público distinto: quien quiere un cronógrafo contemporáneo, no una pieza de aire histórico.
La puerta de entrada por tamaño. Con 38 mm de caja y movimiento automático de rueda de pilares, es la opción para muñecas finas o para quien simplemente no quiere un reloj de 42 mm. Su esfera es más decorativa y menos «instrumento», con versiones en dos tonos y con engastes. No comparte movimiento ni fondo de caja con el Moonwatch, y ese es el punto que más confunde a quien compara precios en portales de segunda mano.
| Familia | Diámetro aprox. | Movimiento | Cuerda | Para quién encaja |
|---|---|---|---|---|
| Moonwatch Professional | 42 mm | Cal. 3861 Co-Axial Master Chronometer | Manual | Quien quiere el modelo histórico sin concesiones |
| Speedmaster '57 | ≈ 40,5 mm | Cronógrafo automático Co-Axial Master Chronometer de rueda de pilares | Automática | Quien quiere estética de 1957 y no dar cuerda |
| Racing / Chronoscope | 43-44 mm | Automáticos Co-Axial Master Chronometer | Automática | Quien busca esfera diferente y más presencia |
| Dark Side of the Moon | ≈ 44,25 mm | Automático Co-Axial Master Chronometer en caja de cerámica | Automática | Quien quiere un cronógrafo contemporáneo de diseño |
| Speedmaster 38 | 38 mm | Automático Co-Axial de rueda de pilares | Automática | Muñecas finas y uso unisex |
Diámetros y arquitecturas según la documentación de producto de Omega. Las referencias concretas cambian con las colecciones: la lista vigente y sus especificaciones exactas están en la web oficial de Omega y en los distribuidores autorizados.
Si vas a gastarte lo que cuesta un Speedmaster, merece la pena saber qué motor estás comprando, porque el mismo aspecto exterior ha escondido movimientos muy distintos a lo largo de sesenta años.
Es el movimiento de los Speedmaster de finales de los cincuenta y de los sesenta, con base de origen Lemania. Su rasgo técnico es el mando por rueda de pilares: una pieza dentada vertical que coordina las funciones del cronógrafo. Los aficionados lo aprecian por el tacto de los pulsadores y por la arquitectura visible del mecanismo. Es también el calibre que dispara los precios en el mercado de coleccionismo, y por eso es el más imitado en piezas «vintage» de procedencia dudosa. Omega lo reconstruyó décadas después para series muy limitadas y muy caras: si alguien te ofrece un 321 barato, la explicación más probable es que no lo sea.
A partir de 1968 el 321 deja paso al 861, un movimiento con mando por leva en lugar de rueda de pilares. La leva es más barata de producir y más sencilla de ajustar, y a cambio el tacto del pulsador es algo más seco. Funciona a mayor frecuencia que el 321, lo que mejora la resolución del cronógrafo.
El 1861 es la evolución directa de ese 861 con acabado rodiado, y es el calibre que llevó el Moonwatch durante décadas, hasta la renovación de la colección. Su hermano, el 1863, es el mismo movimiento con una decoración más cuidada, pensado para las versiones con fondo de caja transparente. Son movimientos de cuerda manual, sin parada de segundero, con una reserva de marcha en el entorno de las 48 horas. Muchísimos Speedmaster en circulación en el mercado de ocasión montan uno de estos dos, y no es un defecto: es un movimiento probadísimo, que cualquier relojero con experiencia en cronógrafos sabe atender.
La renovación del Moonwatch trajo el calibre 3861 Co-Axial Master Chronometer, y el cambio es más profundo de lo que sugiere el parecido exterior. Sigue siendo de cuerda manual y conserva el mando por leva del 1861 —la sensación al pulsar es reconocible—, pero por dentro incorpora tres cosas nuevas:
La reserva de marcha sube a 50 horas y la resistencia magnética declarada supera los 15.000 gauss. En las versiones con fondo transparente, el movimiento se presenta con un acabado más decorado, porque se ve.
No es un sello comercial de Omega: es una certificación que otorga el METAS, el instituto federal suizo de metrología, y que se aplica al reloj entero, no solo al movimiento. Y llega después de otra certificación: el movimiento tiene que haber pasado antes por el COSC como cronómetro.
El proceso METAS consta de ocho pruebas, y las más significativas son estas: el movimiento y después el reloj montado tienen que seguir funcionando tras exponerse a un campo magnético de 15.000 gauss; se mide la desviación media diaria del reloj en varias posiciones y con distintos niveles de cuerda; se comprueba la reserva de marcha real frente a la declarada; se mide cuánto se desvía la marcha entre el reloj a cuerda completa y con la reserva ya consumida en gran parte; y se verifica la estanqueidad anunciada.
| Aspecto | Calibre 1861 / 1863 | Calibre 3861 |
|---|---|---|
| Tipo de cuerda | Manual | Manual |
| Mando del cronógrafo | Leva | Leva |
| Escape | Suizo de áncora tradicional | Co-Axial |
| Espiral | Metálica | Silicio |
| Parada de segundero | No | Sí |
| Reserva de marcha | ≈ 48 h | 50 h |
| Resistencia magnética | La habitual de un mecánico clásico | Más de 15.000 gauss (declarado) |
| Certificación | Sin certificación de cronómetro | COSC + Master Chronometer (METAS) |
La diferencia práctica entre un Speedmaster con 1861 y uno con 3861 no la vas a notar mirando la hora un martes cualquiera. La vas a notar en la estabilidad de la marcha a lo largo de los meses, en que no se descoloque por acercarlo a un imán y en la cobertura de garantía que lleva detrás.
Es la primera bifurcación real del Moonwatch, y no es una cuestión de gusto solamente: cambia el cristal, cambia el fondo de la caja, cambia el grosor y cambia el precio.
Hesalita es el nombre que usa Omega para un cristal de acrílico, es decir, un plástico técnico. Frente al zafiro tiene dos desventajas evidentes: se raya con cualquier roce contra un marco de puerta y ópticamente distorsiona más en los bordes. Y tiene una ventaja que en su día fue decisiva: no estalla en esquirlas. Cuando recibe un golpe fuerte, se agrieta o se abolla, pero no se convierte en una nube de fragmentos afilados. Dentro de una cápsula presurizada y sin gravedad, esa diferencia no era estética, era de seguridad.
Omega la mantiene porque es el cristal históricamente correcto, y a los rayones les ha salido un contraargumento razonable: el acrílico se pule. Con una pasta específica de pulido para cristales acrílicos y unos minutos de paño, las marcas superficiales desaparecen en casa. Una raya en un zafiro, en cambio, es definitiva: solo se soluciona sustituyendo el cristal en el servicio técnico.
La versión de Hesalita lleva además fondo de caja macizo, grabado con el emblema del hipocampo y con la mención a la calificación de vuelo de la NASA y al primer reloj llevado en la Luna. Ese fondo es parte de la identidad del modelo, y quien elige Hesalita suele elegirla precisamente por él. Un detalle práctico y poco conocido: en los cristales de Hesalita modernos hay un pequeño logotipo de Omega grabado en el centro, visible con lupa o con la luz adecuada. Es una marca de fábrica que también sirve como pista de autenticidad.
El zafiro sintético es durísimo: en la práctica solo lo rayan materiales muy duros, así que un reloj con zafiro llega a los años con el cristal impecable. Lleva tratamiento antirreflejos y, en el Moonwatch, viene acompañado de un fondo transparente que deja ver el calibre 3861 con acabado decorado. Esa combinación es la que en el sector se llama «sapphire sandwich»: zafiro delante y detrás.
A cambio, el conjunto es algo más grueso, algo más pesado y bastante más caro que la versión de Hesalita. Y pierde el grabado del fondo, que para una parte de los compradores es justo lo que querían.
| Criterio | Hesalita | Zafiro |
|---|---|---|
| Resistencia al rayado | Baja: se raya con facilidad | Muy alta |
| Reparabilidad en casa | Sí, se pule con pasta específica | No: hay que cambiar el cristal |
| Comportamiento ante un impacto | Se agrieta o abolla, no astilla | Muy resistente, pero puede saltar |
| Fondo de caja | Macizo y grabado | Transparente, movimiento a la vista |
| Grosor y peso | Los más contenidos de la gama | Ligeramente mayores |
| Precio | La opción más asequible del Moonwatch | Claramente por encima |
| Encaja mejor con | Fidelidad histórica y uso despreocupado | Uso diario sin querer ver marcas |
Si te obligan a elegir con una sola pregunta, hazte esta: ¿te va a molestar ver una raya en el cristal, o vas a disfrutar puliéndola una vez al año? Quien contesta lo primero compra zafiro. Quien contesta lo segundo compra Hesalita y se ahorra dinero.
El diámetro nominal del Moonwatch Professional es de 42 mm, pero ese número por sí solo dice poco. Lo que determina si un reloj «cabe» en una muñeca es la distancia entre las puntas de las asas, y el Speedmaster tiene la ventaja de que sus asas son largas pero claramente curvadas hacia abajo, así que abrazan la muñeca en lugar de sobresalir en el aire. Por eso muchos usuarios de muñeca media lo llevan sin que se les monte en el hueso.
El otro factor es el grosor. Es un cronógrafo mecánico y no es un reloj plano, pero la versión de Hesalita es la más delgada de la familia y el bisel de aluminio, más estrecho ópticamente que un bisel cerámico grueso, ayuda a que la esfera respire. El ancho de asa estándar es de 20 mm, una medida cómoda: hay una oferta enorme de correas de repuesto de 20 mm, incluidas las correas NATO que se asocian históricamente al modelo.
Si tu muñeca es fina y el 42 mm te queda grande, las alternativas dentro de la propia colección son la Speedmaster '57, que baja en torno a los 40,5 mm, y la Speedmaster 38. Ninguna de las dos monta el movimiento del Moonwatch, así que estás cambiando de reloj, no solo de talla. Y en el otro extremo, las cajas de cerámica y las Racing se van por encima de los 43-44 mm.
Consejo práctico que no cuesta nada: antes de comprar, imprime a escala real la ficha del reloj o pruébatelo en un distribuidor autorizado. Es la única forma honesta de saber cómo te queda, y nadie —tampoco esta página— puede decidirlo por ti desde una pantalla.
La mayoría de los propietarios de un cronógrafo no lo usan nunca como cronógrafo, y una parte importante no sabría explicar para qué sirven los números del bisel. Vamos a arreglarlo, porque es la función que define el reloj.
En el Moonwatch Professional hay cinco agujas repartidas así:
Sumando los tres contadores, el cronógrafo mide hasta 12 horas seguidas. Y no hay fecha: el Moonwatch Professional no la lleva, y eso es intencionado, no un olvido.
El pulsador superior, junto a la corona, arranca y detiene. El inferior pone a cero. La secuencia es siempre la misma: arrancar, parar, leer, poner a cero. Se puede arrancar y parar varias veces para acumular tiempos parciales antes de poner a cero.
Hay dos costumbres que conviene evitar. La primera, pulsar el reset con el cronógrafo en marcha: en un movimiento con mando por leva es una petición violenta para el mecanismo, y aunque los calibres modernos incorporan protecciones, no hay ninguna razón para hacerlo. Para siempre antes de poner a cero. La segunda, accionar los pulsadores con el reloj mojado o bajo el agua: los pulsadores no están roscados, y moverlos con agua alrededor es la vía más directa a que entre humedad.
Sobre dejar el cronógrafo funcionando todo el día: no rompe nada, pero consume reserva de marcha, así que con 50 horas de autonomía y cuerda manual notarás que el reloj se para antes. Si te gusta verlo correr, adelante; solo dale cuerda con más frecuencia.
Con la corona pegada a la caja se da cuerda girándola hacia delante. Se nota cuándo el muelle está cargado porque la resistencia aumenta claramente: ahí se para, no se fuerza. Con 50 horas de reserva, la rutina cómoda es darle cuerda una vez al día, a la misma hora, y así el reloj trabaja siempre en su franja de mejor rendimiento en lugar de en la parte final de la reserva, donde cualquier mecánico pierde algo de precisión.
Tirando de la corona hacia fuera se ajusta la hora. Con el calibre 3861 el segundero pequeño se detiene al hacerlo, así que puedes sincronizarlo al segundo con una referencia horaria y soltar la corona en el momento exacto. Con los calibres 1861 y 1863 antiguos eso no era posible.
El bisel no es decorativo. Es una regla de cálculo fija que resuelve una única fórmula: unidades por hora = 3.600 ÷ segundos transcurridos. Como una hora tiene 3.600 segundos, si algo tarda X segundos en completar una unidad, en una hora completará 3.600 dividido entre X.
La escala del Speedmaster está grabada en «base 1.000», que es la forma técnica de decir que está calculada para una unidad de referencia (un kilómetro, una pieza, una vuelta) y arranca en el número 500. Ese 500 corresponde a 7,2 segundos, porque 3.600 dividido entre 7,2 son exactamente 500. Y termina en 60, que corresponde a 60 segundos, porque 3.600 dividido entre 60 son 60.
De ahí sale la limitación práctica que casi nadie explica: la escala solo funciona entre 7,2 y 60 segundos. Si el fenómeno que mides tarda más de un minuto, la aguja da la vuelta completa y el bisel deja de servirte tal cual.
Un ejemplo con la carretera, que es el clásico. Pasas junto a un poste kilométrico y arrancas el cronógrafo; pasas junto al siguiente y lo paras. Si la aguja se detiene sobre el 120 del bisel, vas a 120 km/h. No hay más magia: has tardado 30 segundos en recorrer un kilómetro, y 3.600 entre 30 son 120.
Y el truco para saltarse el límite del minuto: mide media unidad y divide la lectura entre dos. Si vas despacio y tardas más de 60 segundos por kilómetro, cronometra 500 metros. Si la aguja marca 80, tu velocidad real es 40 km/h. El mismo razonamiento vale al revés: si cronometras dos kilómetros, multiplicas la lectura por dos.
Fuera del coche, la escala sigue teniendo usos reales, porque «unidad» puede ser cualquier cosa. Cronometra cuánto tarda una máquina en sacar una pieza y el bisel te da piezas por hora. Cronometra una vuelta de una noria, un ciclo de una cinta transportadora o cuánto tarda alguien en montar una unidad, y tienes la producción horaria sin sacar la calculadora. Es exactamente para lo que se diseñó en 1957: cronometraje industrial y deportivo.
El bisel taquimétrico no mide velocidad: mide cuántas veces cabe en una hora lo que acabas de cronometrar. Una vez lo ves así, deja de ser un adorno y empieza a ser una herramienta.
Aquí vamos a ser deliberadamente prudentes, porque es donde más desinformación circula. No vamos a darte una cifra cerrada como «precio actual»: la tarifa de Omega se revisa periódicamente, varía por país y por versión, y cualquier número escrito en una página web envejece en cuestión de meses.
Lo que sí se puede decir sin riesgo de mentir es cómo se ordenan las versiones entre sí:
La cifra vigente, con IVA español incluido, está publicada en la web de Omega y la aplican los distribuidores autorizados. Es la única fuente que no se queda desfasada. Si estás comparando ofertas, empieza por ahí: sin conocer la tarifa oficial no puedes saber si lo que te ofrecen es un chollo, un precio normal o una señal de alarma.
El Speedmaster tiene un mercado de segunda mano muy activo, y ahí el precio depende de variables que no se pueden resumir en un número: la referencia exacta, el calibre que monta, el año de fabricación, el estado de la caja (si ha sido pulida y cuánto), si conserva caja y documentación originales, si el cristal y las agujas son los de fábrica y si el reloj tiene un servicio reciente documentado.
Por eso no vas a leer aquí cotizaciones concretas de mercado secundario: darlas sin haber tasado la pieza sería inventarlas. Si te mueves en ese terreno, compara varias ventas cerradas recientes de la misma referencia y en el mismo estado, y no una media general de «un Speedmaster».
Esto no es un consejo de inversión
Un reloj es un objeto de consumo, no un producto financiero, y esta página no lo presenta como un activo ni sugiere que vaya a revalorizarse. Los precios de los relojes suben y bajan, el mantenimiento cuesta dinero cada pocos años y vender rápido casi siempre implica aceptar menos de lo que crees que vale. Compra un Speedmaster porque lo quieres llevar, no porque esperes ganar dinero con él. Si tu objetivo es invertir, habla con un asesor financiero registrado, no con una web de relojes.
Con este reloj el canal importa tanto como el modelo. Conviene tener claras las tres categorías, porque no son lo mismo y las consecuencias son distintas.
Es la red que Omega reconoce, y el listado de puntos de venta autorizados en España está publicado en la propia web de la marca. Comprar ahí te da tres cosas: el reloj es auténtico por definición, la garantía comercial internacional de Omega queda activada y registrada a tu nombre, y tienes un vendedor profesional español frente al que ejercer la garantía legal. Es también el canal en el que la trazabilidad de la pieza no se rompe si algún día la vendes.
Se llama así a la venta de relojes auténticos fuera de la red oficial: tiendas independientes, importadores, plataformas de reventa. El reloj es real, pero el canal no está reconocido por la marca. Lo que tienes que valorar antes de ahorrarte un porcentaje:
Omega no distribuye a través de marketplaces generalistas. Cuando en un buscador de una gran plataforma aparecen resultados por «Omega Speedmaster», lo que estás viendo son ofertas de vendedores terceros de naturaleza muy variable: reventa legítima, mercado gris, accesorios, correas compatibles, relojes de otras marcas con títulos que incluyen el término, y también copias. Un enlace a una búsqueda genérica no es un enlace al producto oficial, y conviene tratarlo como lo que es: un listado sin filtrar. Verifica siempre el vendedor concreto, la referencia y la documentación antes de considerar nada.
El Speedmaster es uno de los relojes suizos más copiados del mundo, y las copias han dejado de ser burdas. Las llamadas «superclones» reproducen la esfera, el peso, el brazalete e incluso el aspecto general del movimiento a través del fondo transparente. Al que compra por internet sin verificar, esto le puede costar miles de euros. Le dedicamos la sección siguiente entera.
Empecemos por lo importante: ninguna comprobación casera equivale a una verificación profesional. Las copias buenas están hechas precisamente para superar la lista de trucos que circula por internet. Lo que sigue sirve para descartar rápido lo evidente y para saber cuándo parar y pedir opinión experta.
Pide siempre la tarjeta de garantía y comprueba que la referencia y el número de serie que figuran en ella coinciden con los del reloj físico. Ojo: la documentación también se falsifica, y existen casos de tarjetas auténticas emparejadas con relojes que no son los suyos. Por eso la coincidencia es necesaria, pero no suficiente.
Desconfía especialmente de los «franken-watches»: relojes montados con piezas de varias procedencias, con esfera repintada, agujas cambiadas o cristal de otro modelo. Se venden como auténticos porque técnicamente llevan partes auténticas, y valen mucho menos que un ejemplar íntegro.
Si la compra es de importe alto y no procede de la red oficial, llévalo a una boutique Omega o a un centro de servicio autorizado y pide que lo verifiquen. Ellos abren el reloj, ven el movimiento real, contrastan el número de serie en el sistema de la marca y te dan una respuesta que ninguna comparación de fotos puede darte. Un relojero independiente con experiencia en la marca también puede hacerlo. Antes de transferir el dinero, no después: esa es toda la diferencia.
Si el vendedor pone pegas a que un tercero verifique el reloj antes de cobrar, ya tienes la respuesta que buscabas y te ha salido gratis.
Un reloj mecánico es una máquina con piezas que rozan y aceites que se degradan. No se compra y se olvida: se mantiene. Y ese coste hay que meterlo en la cuenta desde el principio, no descubrirlo cinco años después.
La recomendación que publica Omega para sus relojes mecánicos sitúa la revisión completa en una horquilla aproximada de cinco a ocho años, y varía con el uso: un reloj que se lleva a diario, que se cronometra a menudo y que vive en ambientes con polvo o humedad pide atención antes que uno que sale del cajón dos veces al mes. Aparte de eso, conviene una comprobación de estanqueidad con más frecuencia, porque las juntas se endurecen con el tiempo y el calor, y es una prueba rápida y barata comparada con lo que cuesta secar un movimiento inundado.
Hay dos señales que adelantan la cita sin discusión: que el reloj empiece a atrasar o adelantar bastante más de lo que venía haciendo, y que aparezca vaho bajo el cristal. Lo segundo es una urgencia, no una curiosidad.
Un servicio completo en la red oficial no es «una limpieza». Implica desmontar el movimiento pieza a pieza, limpiarlo, sustituir los componentes desgastados y las juntas, lubricar con los aceites correspondientes, volver a montarlo, regular la marcha en varias posiciones, comprobar la estanqueidad y hacer un control final de funcionamiento durante días. El coste es de varios cientos de euros y depende del calibre y del alcance del trabajo, así que pide presupuesto por escrito antes de dejar el reloj: no te fíes de cifras que circulan por foros.
Un detalle que muchos propietarios descubren tarde: el servicio suele incluir un pulido de caja y brazalete que devuelve el aspecto de nuevo pero que retira material y suaviza los cantos. Si valoras la caja original con sus marcas de uso, o el reloj es antiguo, indica expresamente que no se pula. Se puede pedir, y una vez pulido no hay vuelta atrás.
En una compra de este importe conviene saber qué te ampara, porque hay dos garantías distintas que se confunden constantemente y porque muchas tiendas siguen publicando condiciones que ya no son legales.
Desde la reforma introducida por el Real Decreto-ley 7/2021, los bienes comprados a partir del 1 de enero de 2022 tienen una garantía legal de conformidad de tres años desde la entrega, no de dos. La debe el vendedor, no el fabricante: si el reloj no es conforme con lo contratado, es a la tienda a la que reclamas.
Dentro de ese plazo, durante los dos primeros años se presume que la falta de conformidad ya existía en el momento de la entrega, así que es el vendedor quien tiene que demostrar lo contrario. En el tercer año la carga de la prueba se invierte y te corresponde a ti. Además, una vez que la falta de conformidad se manifiesta, dispones de un plazo adicional para ejercer la acción, así que no pierdes el derecho por tardar unas semanas en reclamar. Las opciones que la ley te da son la reparación o la sustitución y, si ninguna procede o no se resuelve en plazo razonable, la rebaja del precio o la resolución del contrato.
Es otra cosa y se suma a la anterior. Omega ofrece una garantía internacional de cinco años en sus relojes Master Chronometer, que es la categoría en la que está el Moonwatch Professional con calibre 3861. Es una garantía voluntaria del fabricante, con sus propias condiciones: cubre defectos de fabricación y no cubre golpes, uso indebido, desgaste normal ni intervenciones de terceros no autorizados. Se activa con la tarjeta de garantía emitida en el punto de venta, y por eso importa dónde compras.
Lo que no puede hacer una garantía comercial es recortar la legal. Si un vendedor te dice que «la garantía es de dos años» o que solo responde el fabricante, te está informando mal: los tres años legales frente al vendedor siguen ahí. Comprueba también las condiciones vigentes en la documentación que acompaña al reloj, que es la que manda.
Si compras a distancia (web, teléfono) o fuera de establecimiento, tienes 14 días naturales para desistir sin justificar el motivo y sin penalización, contados desde que recibes el reloj. Y hay un punto que casi ninguna tienda explica: durante ese plazo puedes comprobar el producto igual que lo harías en una tienda física. Abrir la caja, mirar el reloj, probártelo y ver que funciona entra dentro de lo permitido.
Cláusulas que no son válidas
Condiciones del tipo «solo se admiten devoluciones sin abrir y en su embalaje original precintado» son ilegales como requisito para desistir. La ley no exige que el producto esté sin abrir. Sí puede el vendedor descontar la disminución de valor si has manipulado el reloj más allá de lo necesario para comprobar su naturaleza, características y funcionamiento: rayarlo, ajustar el brazalete quitando eslabones o llevarlo puesto una semana entran en ese supuesto.
La excepción real la fija el artículo 103 del RDL 1/2007 para los bienes personalizados o hechos conforme a tus especificaciones: un grabado personalizado en el fondo o una correa hecha a medida sí pueden quedar excluidos del desistimiento.
En una tienda física no existe derecho legal de desistimiento: si el comercio admite devoluciones por cambio de opinión, es una política comercial suya y se rige por lo que él anuncie. La garantía legal de conformidad de tres años, en cambio, sí se aplica igual.
Y el caso que más disgustos da: entre particulares no hay ni garantía legal de conformidad ni derecho de desistimiento. La normativa de consumo protege al consumidor frente a un empresario, y en una venta de particular a particular por un foro, una app de segunda mano o un anuncio no hay empresario. Te queda el régimen civil general de vicios ocultos del Código Civil, con plazos cortos y con la carga de probar que el defecto ya existía y estaba oculto. Traducido: si compras un Speedmaster a un particular y resulta ser falso o estar averiado, tu posición es mucho más débil. Por eso, en ese escenario, la verificación previa por un profesional no es una precaución exagerada, es lo mínimo.
| Escenario de compra | Garantía legal | Desistimiento 14 días | Garantía Omega |
|---|---|---|---|
| Boutique o distribuidor autorizado (tienda física) | Sí, 3 años | No por ley (solo si la tienda lo ofrece) | Sí, activada y registrada |
| Web oficial o distribuidor autorizado online | Sí, 3 años | Sí, 14 días naturales | Sí, activada y registrada |
| Vendedor profesional no autorizado en la UE | Sí, 3 años frente a ese vendedor | Sí si es venta a distancia | Puede no estar activada: pregúntalo |
| Vendedor fuera de la UE | Depende del país; aranceles e IVA en aduana | No garantizado | A verificar caso por caso |
| Particular (segunda mano) | No | No | Solo el resto de garantía si la pieza la tenía y es transferible |
Resumen normativo: RDL 1/2007 (texto refundido de la Ley General para la Defensa de los Consumidores y Usuarios), con las modificaciones del RDL 7/2021 en materia de garantías. Para un caso concreto, consulta con la oficina municipal de información al consumidor o con un abogado.
Por fidelidad a la arquitectura original y por una razón técnica: un cronógrafo de cuerda manual permite una caja más delgada y un fondo macizo grabado, sin la masa oscilante de un automático por medio. Omega ha modernizado el interior del calibre 3861 sin cambiar ese principio. Si prefieres no dar cuerda, dentro de la propia colección Speedmaster hay modelos automáticos como la '57, la Racing o las cajas de cerámica.
La reserva de marcha del calibre 3861 es de 50 horas. En la práctica eso significa darle cuerda una vez al día si quieres que no se pare nunca: si lo dejas dos días en el cajón, lo encontrarás detenido. Lo recomendable es hacerlo siempre a la misma hora, porque un movimiento mecánico rinde mejor en la parte alta de su reserva que en las últimas horas.
No es recomendable. Los 50 metros de estanqueidad del Moonwatch Professional cubren lluvia, salpicaduras y lavarse las manos, pero no natación ni buceo, y el vapor y los cambios bruscos de temperatura de una ducha castigan las juntas. Nunca acciones la corona ni los pulsadores con el reloj mojado. Si quieres un Omega para el agua, la familia que corresponde es Seamaster, no Speedmaster.
Hesalita si valoras la fidelidad histórica, el fondo de caja macizo grabado y un precio más contenido, y no te importa pulir las rayas del cristal de vez en cuando en casa. Zafiro si prefieres un cristal que no se raye, quieres ver el movimiento por el fondo transparente y aceptas pagar bastante más por ello. Ninguna de las dos es «mejor»: cambian el cristal, el fondo, el grosor y el precio.
No. El Moonwatch Professional no lleva indicación de fecha, y es una decisión deliberada para mantener la esfera del modelo histórico. Dentro de la colección Speedmaster sí hay referencias con fecha y con fases lunares, pero no son el Moonwatch Professional.
El COSC certifica el movimiento suelto según criterios de precisión. La certificación Master Chronometer la otorga el METAS, el instituto federal suizo de metrología, se aplica al reloj montado y exige haber pasado antes por el COSC. Añade ocho pruebas, entre ellas la exposición del movimiento y del reloj completo a un campo magnético de 15.000 gauss, la comprobación de la reserva de marcha real y la medición de la desviación de marcha en distintas posiciones y niveles de cuerda. Es un listón más alto y más completo.
Son una escala taquimétrica y resuelven una sola fórmula: unidades por hora igual a 3.600 dividido entre los segundos transcurridos. Arrancas el cronógrafo al empezar una unidad (un kilómetro, una pieza, una vuelta), lo paras al terminarla y lees el número del bisel donde se detiene la aguja. Funciona entre 7,2 y 60 segundos; si el fenómeno dura más de un minuto, cronometra media unidad y divide la lectura entre dos.
Depende de tu muñeca, y nadie puede decidirlo por una pantalla. A favor del Moonwatch juega que sus asas son marcadamente curvadas hacia abajo, así que abraza la muñeca en lugar de sobresalir. Si aun así te queda grande, dentro de la colección tienes la Speedmaster '57, en torno a 40,5 mm, y la Speedmaster 38, de 38 mm, aunque ambas montan movimientos distintos del Moonwatch. Pruébatelo en un distribuidor autorizado antes de comprar.
Omega sitúa la revisión completa de sus relojes mecánicos en una horquilla aproximada de cinco a ocho años, ajustable según el uso, y conviene comprobar la estanqueidad con más frecuencia. El coste de un servicio completo es de varios cientos de euros y varía con el calibre y el alcance del trabajo, así que pide presupuesto por escrito al servicio oficial o a un relojero cualificado antes de dejar el reloj. Indica expresamente si no quieres que se pula la caja.
Dos, y son distintas. La garantía legal de conformidad es de tres años desde la entrega para compras realizadas a partir del 1 de enero de 2022 (RDL 7/2021), la debe el vendedor, y durante los dos primeros años se presume que el defecto ya existía al entregarte el reloj. Aparte, Omega ofrece una garantía comercial internacional de cinco años en sus modelos Master Chronometer, que se activa con la tarjeta emitida en el punto de venta y tiene sus propias condiciones. La comercial se suma a la legal, no la sustituye ni la recorta.
Sí. En venta a distancia tienes 14 días naturales para desistir sin justificar el motivo y sin penalización, y durante ese plazo puedes comprobar el reloj como lo harías en una tienda. Las condiciones del tipo «solo se admiten devoluciones sin abrir y en su embalaje original» no son válidas como requisito para desistir. Lo que sí puede hacer el vendedor es descontar la disminución de valor si has ido más allá de la simple comprobación, por ejemplo rayándolo o quitando eslabones del brazalete. La excepción legal son los bienes personalizados, como un grabado hecho a tu petición. En una compra en tienda física no existe desistimiento legal, y entre particulares no hay ni desistimiento ni garantía legal de conformidad.
Omega no distribuye a través de marketplaces generalistas. Lo que aparece en esos buscadores son ofertas de vendedores terceros de naturaleza muy variable, incluyendo reventa, mercado gris, accesorios y copias, y una búsqueda genérica por «Omega Speedmaster» devuelve resultados sin filtrar que no equivalen al producto oficial. Si compras fuera de la red autorizada, verifica el vendedor, la referencia y la documentación, y contrasta el precio con la tarifa oficial de Omega antes de pagar nada.
Con certeza, solo llevándolo a una boutique Omega o a un centro de servicio autorizado antes de pagar: abren el reloj, ven el movimiento real y contrastan el número de serie. Como filtro previo, revisa que el precio no esté muy por debajo de lo razonable, que la impresión de la esfera sea nítida, que las agujas de los contadores queden alineadas al poner a cero y que la referencia y el número de serie de la tarjeta de garantía coincidan con el reloj. Ninguna de esas comprobaciones sustituye a la verificación profesional, porque las copias actuales están hechas para superarlas.
El reloj de buceo por excelencia. Resistente a 300 metros con calibre 3235 de manufactura Rolex.
Cronógrafo deportivo-elegante inspirado en la Carrera Panamericana, con calibre Heuer 02.
Reloj militar mecánico de cuerda manual con herencia americana y precisión suiza.